Las grandes empresas no son el motor de la economía

Grandes empresas - Auditest

Muchas veces escuchamos noticias referentes a esas grandes empresas que conforman la nueva economía y que nos hablan de grandes éxitos e innovaciones, así como de astronómicas capitalizaciones en bolsa.

También se nos repite que las grandes empresas son mucho más productivas y que el problema de algunos países como España es que sus empresas son muy pequeñas y por ello la productividad, y por tanto los salarios, es reducida. Existe una confusión muy grande, incluso entre economistas, sobre por qué las grandes empresas son y siempre han sido muy productivas.

Esto es algo normal de la dinámica económica, ya que hay muchos sectores en que imperan economías de escala y las grandes empresas tienen la posibilidad de reducir costes respecto a las pequeñas.

Pero esto no quiere decir que exista una virtud intrínseca en el tamaño de la empresa fuera de lo que son sectores económicos concretos en que estas economías de escala son importantes.

Cualquiera puede entender que un avión o un microprocesador es más barato si se fabrica en una gran instalación que en una pequeña factoría. Pero hay muchos otros sectores en que no existen economías de escala o estos efectos terminan cuando se alcanza determinado tamaño de empresa.

Por lo tanto, el problema de España, a mi modo de ver, no es tanto que las empresas sean pequeñas como que hay una virtual ausencia de producción en sectores enteros de la economía en que es ventajoso que las empresas sean grandes. Es decir, un problema de modelo productivo.

Pero centrándonos en la evolución de la productividad de las grandes empresas, lo que estos autores han encontrado es que su contribución al aumento de productividad dentro de lo que son las mismas grandes empresas ha caído hasta cero actualmente, mientras que hasta el año 2000 estas grandes empresas contribuían al total de la economía con un 0,5% de aumento de la productividad al año, una cifra bastante apreciable.

Esto lo vemos en el primer gráfico, en que se valora primero la contribución de las 20 mayores empresas de EEUU y luego la de las cuatro principales de cada uno de los 62 principales sectores de la economía estadounidense. En ambos casos, observamos la misma tendencia.

 

Evolución de la variación de la productividad dentro de las grandes empresas desde 1960 en EEUU - Auditest

Figura 1. Evolución de la variación de la productividad dentro de las grandes empresas desde 1960 en EEUU (20 mayores empresas y cuatro mayores empresas de cada uno de los 62 grandes sectores económicos).

Sí que sigue existiendo, no obstante, una cierta contribución al aumento de la productividad de estas empresas con lo que los economistas llaman efecto de reasignación de recursos, es decir, que no es que las grandes empresas mejoren internamente su productividad, sino que al acaparar la utilización de más recursos por su crecimiento y ser más productivas que otras empresas de su sector, entonces se observa este efecto en la economía de aumento de la productividad. En este caso, sí que se observa un ligero incremento en los últimos 20 años.

Teniendo en cuenta ambos factores, la caída total en la contribución de las 248 grandes empresas a la mejora de la productividad ha descendido desde un 0,73% anual hasta el año 2000 hasta el 0,43% desde esa fecha, es decir, un descenso del 40%. Esto lo vemos en el siguiente gráfico.

A destacar en el gráfico el efecto de la burbuja ‘puntocom’ justo antes de su pinchazo, en que se ve claramente cómo lo único que sucedió fue que estas empresas acapararon muchísima inversión en esos años previos al ‘crash’.

 

Evolución de la contribución de las grandes empresas al cambio de la productividad de la economía de EEUU desde 1960 - Auditest

Figura 2. Evolución de la contribución de las grandes empresas al cambio de la productividad de la economía de EEUU desde 1960.

De este estudio se pueden extraer varias conclusiones importantes. La primera es que las grandes empresas de la nueva economía funcionan peor, en términos relativos, que sus homólogas de la fase anterior a la aparición de internet.

Otra posible explicación, lanzada de forma provocadora por un grupo de profesores el pasado año (Bloom, Jones, Reenen y Webb en un ‘pape’r titulado “Are ideas getting harder to find?”), es que nos encontramos en una fase del desarrollo de la economía en que las innovaciones más importantes han sido ya descubiertas y las que van surgiendo son cada vez más accesorias y con menos repercusión. Es una idea muy interesante y ha sido sugerida con anterioridad en numerosas ocasiones.

Sería una expresión de la ley de rendimientos decrecientes que sería avalada por el hecho de que la inversión global en I+D está creciendo mucho más rápido, y de forma persistente, que la producción.

Sin embargo, los autores se centran más en otro tipo de explicación, y es que lo que está ocurriendo en los últimos 20 años indica muy probablemente una dinámica del sistema económico actual en que cada vez existen más barreras de protección a esas grandes empresas, lo que hace que disminuyan los incentivos para la innovación (motor de los incrementos de productividad).

Los incentivos entonces son el incremento del dividendo al accionista para fomentar la captación de inversores, el aumento consiguiente del precio de la acción y, como última consecuencia, el aumento de los sueldos de los directivos.

Si esto es así, y muchos hechos apuntan en esa dirección, significa destruir la propia esencia de la economía de mercado, pues estas empresas están actuando con la utilización de sus enormes recursos no para innovar y competir sino para que no surjan legislaciones para que haya competencia en el sector económico en que actúan y para que muchas de las normativas que existen y que garantizan la competencia sean derogadas o modificadas, para afianzar y aumentar su proposición dominante.

Otro ejemplo sería la utilización masiva de los bancos centrales y los rescates públicos con una intencionalidad clara de salvar las grandes empresas en apuros que vimos en la crisis anterior.

Ello indicaría que estamos entrando cada vez más en una dinámica minskyana (por el economista Hyman Minsky, que la estudió) en que las grandes empresas se podrían acabar convirtiendo cada vez más en parásitos que viven a costa del resto de la economía, repercutiendo en un deterioro sustancial de las condiciones de vida por el aumento de la desigualdad que viene aparejado a esta influencia que tienen en la política económica.

Por ello, cada vez que oigan hablar de que hay que aumentar el tamaño de la empresa, estén atentos, porque probablemente sea un mensaje interesado destinado a proteger un ‘lobby’ de una gran empresa que después se dedicará a meterle de forma ilícita la mano en el bolsillo para quitarle parte de los ingresos obtenidos con su trabajo.

Fuente: ElConfidencial